La campaña de la Colecta Anual en junio tiene un marco de referencia que nos brinda el Año Santo de la Misericordia, que desde el 8 de diciembre del año pasado estamos viviendo. Es un tiempo de gracia de Dios y por tanto al vivirlo, en lo personal y como Iglesia, nos tenemos que dejar conducir por Dios que nos “muestra un camino más perfecto todavía” (1 Cor 12,31).
Pero la campaña es un momento, es un gesto que tiene que coronar un camino y luego mantenernos, según lo que el Señor nos siga inspirando, en la cercanía y en el compromiso. Mirando la tarea de Cáritas en las comunidades siempre tiene que expresar el corazón de sus vidas. Al ser expresión de la virtud divina, hay un rumbo para ahondar y aquí la creatividad en los modos nos tiene que poner muy a ritmo de la vida de mi hermano que tiene necesidad y sufre la pobreza.
El Papa en la Misericordiae Vultus nos dice: "Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia" (MV 12). Vivirla hace a la tarea de Cáritas por lo que significa la palabra misericordia: un corazón que va hacia la necesidad. Y este Año Santo nos tiene que dejar una huella que marque un rumbo más hondo: si lo que que hacemos se ajusta sólo a los que se acercan a nuestras comunidades, pasar a recrear modos para ir hacia los hermanos que por muchas razones no van a venir".
Entonces, con lo que la caridad proféticamente nos vaya mostrando, porque inspirada en la misericordia nos ayudará en una conversión que cambiará estructuras incluso comunitarias, hagamos en torno al servicio nuestras vidas. (EG 27-33;115)
Dice Francisco también que este Año de gracia del Señor es "para llevar una palabra y un gesto de consolación" (MV 16), recordándonos a Jesús cuando citó al profeta en los comienzos de su misión (Lc 4,14-21). Este llamado lo podemos tomar para Cáritas, el mirar hacia las periferias que nos invitan siempre a la salida, al encuentro con mi hermano que vive necesidad y que en ocasiones no está incluido en el espacio que brindamos.
Por eso pongamos en el centro de la reflexión las obras de misericordia corporales y espirituales: “que ellas nos recuerden que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo”. (Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2016).
Recordemos entonces que la "misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia" (MV 10). Que nos deje huella el Año Santo en un cambio que la gracia inspirará y que abarcará toda la tarea, superando inclusive a la Colecta.